Ribera del Guadiana DO – dos décadas de evolución hacia la calidad y el prestigio

Fue un 16 de abril de 1999 cuando, por fin, una Orden Ministerial (publicada en el BOE) ratificaba oficialmente la consideración de Ribera del Guadiana como Denominación de Origen Protegida. Por situarnos, y aunque parezca que fue ayer, ese año las hermanas Williams debutaban en el circuito profesional de tenis y se retiraba de la NBA Michael Jordan. Nos manejábamos en pesetas, el euro lo conoceríamos tres años después.

El camino hasta este punto fue largo. Arrancaría en 1990, cuando la Interprofesional ‘Vinos de la Tierra’ recibe el placet de la Consejería de Agricultura de la Junta de Extremadura. Seis años después se nombra el primer Consejo Regulador Provisional de la DORG, y en 1997, la Junta de Extremadura da el visto bueno al primer reglamento.

Con el espaldarazo del marchamo oficial del Gobierno de España, la DORG empieza una andadura cimentada sobre la experiencia acumulada y los usos que históricamente regían en la elaboración de vinos, nada menos que de la época de celtas y lusitanos.

Implantar criterios homogéneos para asegurar la calidad en unos territorios marcados por la diversidad, y delimitar zonas de influencia, fue el primer reto de la DORG. Afortunadamente, no se partía de cero, había cimientos para comentar a levantar este edificio. Ya en los años 80 se había acometido una revolución en la producción, con la irrupción de las cooperativas y el nacimiento de bodegas de mayor tamaño, en un giro de calidad que pretendía acabar con un sector que vendía el 90% a granel. Así es posible empezar a plantearse de manera sistemática el embotellado y la entrada en mercados con marca propia. Después vendría la referida reglamentación, primero como Vinos de la Tierra, para llegar a la oficialidad de la DORG, que va incorporando territorios y bodegas, en un proceso aún sin concluir.

Con una normativa clara y rigurosa, que apuesta por la calidad, por el medio y largo plazo, se avanza hacia la delimitación de las seis áreas actuales de producción: Tierra de Barros, Cañamero, Montánchez, Ribera Alta, Ribera Baja y Matanegra, hasta abarcar alrededor de 40.000 hectáreas. A la vez, se van sumando bodegas, alcanzando hoy día 26 instalaciones.

Viticultores y bodegueros realizan durante estos años un notable esfuerzo por mejorar sus productos, yendo paso a paso, con la paciencia que da un oficio donde es muy importante saber esperar. Los primeros, los viticultores, van renovando sus vides, hacia variedades de mayor calidad, en un proceso de reestructuración del viñedo arriesgado pero imprescindible. Además, mejoran técnicas de gestión de las viñas, de maduración de la uva, de recogida… En cuanto a los bodegueros, logran, también con dedicación e inversiones relevantes, modificar sus sistemas, respetando siempre la tradición, incorporando la tecnología precisa, dotándose de personal especializado en cada fase y poniendo siempre por delante que lo que pasase al mercado tenía que ser de alta calidad.

Cuando estas fases de cambio, esfuerzo e inversiones aún no habían terminado (en realidad, nunca terminan) se acomete desde los adscritos a la DORG otra acción no menos importante, la del marketing. Porque el refranero puede ser sabio, pero no infalible, y lo de ‘El buen paño en el arca se vende’ es una verdad a medias, y más cuando sales a competir con DO nacionales y denominaciones foráneas que ya tienen andado el camino de la implantación de su marca entre los consumidores. Pretender irrumpir en ese mercado por las buenas, sin cuidar la imagen es una entelequia.

Por ello, esta fase se caracterizó, y aún lo hace, por esperar el cuidado de las presentaciones, de la imagen: etiquetas, botellas, nombres… todo fue cambiando, poniéndolo en manos de expertos, invirtiendo en envases más atractivos, en etiquetas con prestancia, incluso la propia imagen de la DORG se fue adaptando para responder a las exigencias del diseño. Quien tenga edad suficiente se acordará, no ya del granel, sino de aquellas botellas sin encanto alguno, aquellas etiquetas obra de aficionados con tan buena voluntad como falta de conocimientos, que no tenían la prestancia mínima para que se distinguiese un vino de echar a un guiso de un vino de calidad para saborear.

Todo eso pasó, y ahora, desde hace años, se cuida y se renueva la imagen, el formato, la etiqueta, la marca, en suma, se cuida el marketing con criterios profesionales.

Tocaba, pues, empezar una tercera fase, en la que se haya embarcada hoy día la DORG. Es hora de entrar de lleno en la promoción, de meter otra marca para hacerse un hueco permanente en el mercado, especialmente en el sector HORECA, correa de transmisión fundamental para llegar al consumidor. Con un vino de calidad y, además, bien vestido, ya se podía ir a cualquier lugar y dejar huella. Eso sí, cuando se tienen recursos limitados, muy inferiores a los de otras referencias ya asentadas, hay que mirar cada euro, calibrar el retorno porque el esfuerzo es grande. DORG no puede hacer, valga el símil, riego por inundación, debe ir al goteo, a medir sus acciones, optimizarlas y llegar a más sitios con menos medios. De ahí nació la iniciativa Zona Amiga, primero en los mercados cercanos, en la propia Extremadura, y ya extendida, mediante eventos de impacto como el llevado a cabo en Sevilla, a provincias cercanas. Se busca el efecto onda, lanzar la piedra al estanque y que la ola vaya llegando cada vez más lejos. Paso a paso, sorbo a sorbo, y contando como aliados en una relación de mutuo beneficio con el resto de DO e IGP de la región.

Según la visión de un viticultor-bodeguero, que tacha esta vendimia de “floja en producción, con una merma del 30%-40%, pero buena en calidad”, la promoción es imprescindible, como también lo es ir arrebatando producciones al granel, por desgracia aún muy presente. Se trata de una simbiosis entre viticultor-bodeguero-DORG, donde el diseño y la calidad son responsabilidad de los productores y la promoción es tarea de la DORG.

Llama este amante del vino también a plantearse otra cuestión, a no temer el salto internacional, donde los vinos DORG serían y son plenamente competitivos. Se rompería así el corsé que puede suponer el territorio español, muy copado por otras zonas productoras. “Hay que promocionarse en España, es evidente, pero crecer aquí es más difícil; en el extranjero tenemos más campo”, propone. Esos son los próximos deberes de la DORG.

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